Distintas civilizaciones, como la tartesa y la romana,  llegaron a suelo calañés atraídas por sus riquezas mineras, buscando cobre, oro y plata, sostenes fundamentales para su economía. El hallazgo de ánforas, lápidas y monedas, nos hacen pensar en la existencia de una villa romana en  <<El Morante>>. A través de estos restos se puede conocer la magnitud de la explotación de las minas en la antigüedad.

Poco se conoce de la historia de este espacio durante la Edad Media, pero sin duda el territorio debió de languidecer tras el abandono de las explotaciones mineras. Bajo la dominación musulmana fue englobado en la jurisdicción de la Cora de Niebla, situación que pervivió tras la conquista cristiana a partir de la segunda mitad del siglo XIII. Poco después, fue concedida esta zona en señorío a Don Alfonso Pérez de Guzmán, Conde de Niebla y Duque de Medina Sidonia como regalo del Rey Enrique II.

Durante los siglos XIV  y XV se reforzó el poder señorial sobre los habitantes de la zona mediante el aumento de la fiscalidad, el arrendamiento de pastos a los ganaderos y el reparto de baldíos y tierras no sujetos a propiedad privada. La actividad principal en esta época era la ganadería con una importante cabaña ovina, caprina y porcina.

Con la Edad Moderna se fue consolidando Calañas con una sociedad exenta de nobles, pero no sin diferencias sociales. De esta época son los principales monumentos que hoy encontramos en la localidad, como la hermosa iglesia Santa María de Gracia, la ermita de Ntra. Sra. de la Coronada, levantada en el siglo XVI sobre los restos de una antigua necrópolis romana, y la ermita de Ntra. Sra. de España, perteneciente a la época visigoda y en la cual algunos atestiguan que está enterrado el rey don Rodrigo. En cuanto a la arquitectura civil destaca el puente sobre el río Odiel a la altura de Sotiel Coronada

En el siglo XIX, se reactivan las labores mineras con diferentes minas abiertas. Sus piritas fueron muy solicitadas por su riqueza en cobre y azufre aumentado constantemente su producción sobre todo después de la creación del ferrocarril. El desarrollo que producen las minas se ve incrementado en el  número de habitantes. Calañas, junto con sus pedanías de Sotiel Coronada, La Zarza y El Perrunal  pasan en la segunda mitad de siglo de unos escasos 2.000 habitantes a 8.307 en el censo de 1900 y a 12.707 en 1910.

Hasta los años 60, Calañas vive un auge económico pero con el cierre progresivo de las minas y una agricultura de subsistencia, comienza la crisis de esta zona que continúa  hasta la actualidad. La consecuencia es un éxodo masivo de población hacia otras regiones españolas e incluso hacia el extranjero.

Desde hace algún tiempo, Calañas intenta resurgir y buscar alternativas económicas basadas principalmente en la explotación de los recursos endógenos. El apoyo de las diferentes administraciones públicas, los empresarios junto al cariño que le profesan todos los calañeses a su tierra prevén un futuro de esperanza. No se debe olvidar que “Calañas ya no es Calañas, es un segundo Madrid…”. 

 

Calañas y la Minería entre el siglo XIX y XX

Calañas a lo largo de toda su historia está estrechamente vinculada con la minería, esta actividad llega a su mayor auge  a principios del siglo XX, llegando a tener el municipio 108 concesiones de explotaciones mineras: 26 de cobre; 32 de pirita; 27 de hierro; 23 de manganeso.

Esta tabla demuestra el crecimiento de la población  debido precisamente a la actividad minera.

AÑO

1857

1900

1920

1930

1975

2015

HABITANTES

1948

8307

17794

11856

7410

4238

 

El auge de la minería viene determinado por la siguiente causa:

Desde 1850 se descubren nuevas aleaciones metálicas que tendrán una gran importancia en la industria y también nuevos metales.

El HIERRO seguía siendo el metal más utilizado y sobre él se van a aplicar importantes innovaciones. Thomas en 1878 inventó un sistema para explotar el hierro rico en fósforo, hasta entonces no se habían tenido en consideración estos yacimientos por el carácter quebradizo del metal. El procedimiento Siemens-Martin abarató la obtención de este mismo producto. Durante la I Revolución Industrial el hierro se aplicó casi exclusivamente al ferrocarril, ahora va a encontrar nuevas aplicaciones como la construcción y el armamento. En el terreno constructivo se van a levantar puentes en hierro, estaciones de trenes, mercados, monumentos como la Torre Eiffel en 1889, y sería la base para la construcción de los primeros rascacielos en Chicago al hacer estos edificios con una estructura de hierro.

El ACERO (aleación de hierro con una pequeña cantidad de carbono) era un metal muy caro de producir y su utilización se limitaba a escasos productos: cuchillería, aparatos de precisión... El panorama cambia al aparecer nuevos procedimientos como el convertidor de Bessemer en 1855 que permitió incrementar la producción de acero a un precio razonable. En el campo armamentístico se utilizará más el acero que el hierro, las nuevas aplicaciones pasan por la construcción de acorazados o submarinos totalmente revestidos de acero.

El MANGANESO fue uno de los minerales más preciado durante aquella época, ya que  a principios del siglo XIX se comenzó a probar en aleaciones de acero y en  1816 se comprobó que endurecía al acero, sin hacerlo más frágil. También sirven como desoxidantes en la fundición de hierro y logran mayor fluidez; el acero resulta más maleable durante la laminación; lo libran de impurezas y le dan mayor dureza y resistencia, reduciendo las vibraciones.

 

Además del hierro y el acero aparecen otros metales que van a tener una gran trascendencia en el desarrollo industrial. Entre ellos destaca el ALUMINIO metal muy ligero y resistente. Fue descubierto por Wökler en 1845 pero hasta 1886 no se generaliza, fue cuando Hall le aplicó el proceso de electrólisis.

El NÍQUEL se usó principalmente para mezclarlo con el acero y lograr así el ACERO INOXIDABLE. Al mezclarlo con el cobre se crea una aleación llamada ALPACA que tendrá muchas aplicaciones en el campo doméstico.

El COBRE tendrá también una gran importancia, al perfeccionarse su producción se va a destinar, casi exclusivamente, a la industria eléctrica, o bien como conductor o bien como componente de los motores eléctricos.

Por último el ZINC tendrá una cierta importancia ya que al mezclarse con el hierro detiene su oxidación.

Hasta mediados del siglo XIX, de la PIRITA tan sólo se aprovechaba su contenido en cobre, lo cual ya le confería una importante rentabilidad gracias a la generalización del cableado y demás material eléctrico empleado en la industria y en la acelerada urbanización europea, a lo que había que añadir sus usos tradicionales en la industria militar, los bronces o la calderería.

No obstante, ya en 1833, el francés Perret había demostrado que el azufre de las piritas, considerado hasta entonces un residuo de la extracción del cobre, era perfectamente aprovechable para la obtención de ÁCIDO SULFÚRICO.

En esas fechas, el sulfúrico se abría camino como el principal reactivo de la nueva industria química. Por sólo citar alguno de sus numerosos usos podríamos decir que: unido al fosfato de cal producía sulfato cálcico, uno de los componentes más codiciados para producir abonos artificiales; combinado con sal se obtienen además sulfatos sódicos, con los que se conseguían carbonatos o varilla artificial, necesarios para fabricar vidrio y jabón; por otro lado facilita la obtención de ácido clorhídrico, que unido al manganeso nos da cloro y cloruro cálcico, fundamental para la industria del papel, tejidos, algodón... y así un largo etcétera.

Por consiguiente, cuando en el año 1854 Henderson encontró un proceso económico para obtener cobre de las piritas desulfuradas, su labor se convirtió en uno de los mejores negocios del momento. Para las potencias industriales europeas hacerse con los yacimientos españoles significaba la salida que estaban esperando para poder librarse de la dependencia de la producción siciliana de azufre y, matando dos pájaros de un tiro, solucionar el progresivo agotamiento de sus filones de cobre.

LLEGA EL FERROCARRIL

Las actividades mineras y la madera del Andévalo así como los productos cárnicos y el corcho de la Sierra  impulsaron, a final del siglo XIX, la implantación de un ferrocarril de uso mixto para transporte de mercancías y viajeros desde la ciudad de Zafra hasta el puerto de Huelva.

La estación fue abierta al tráfico el 23 de julio de 1886, con la apertura del tramo Huelva-Valdelamusa de la línea férrea que pretendía unir Zafra con Huelva.

Los elementos que caracterizan los complejos de las estaciones son los muelles de carga del mineral, las cocheras, los aljibes de agua para las locomotoras de vapor, las vías auxiliares, los mecanismos de control de las agujas, etc.

Esta línea dio salida al mineral extraído de la minas del Andévalo,

CRONOLOGÍA

1881

Concesión de la línea Zafra-Huelva a la compañía Sundheim y Doetch, cuyo representante era el ingeniero alemán Wilhelm Sundheim

1884

Constitución de la Compañía del Ferrocarril de Zafra a Huelva

1886

Apertura del tramo Huelva-Valdelamusa (113 km)

1889

Apertura del tramo Zafra-Valdelamusa (72 km)

1941

Nacionalización del ferrocarril. Creación de la RENFE

2004

Propiedad de ADIF

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